Cuando el arte llega al barrio

Buenos Aires, Argentina. Septiembre 30, 2021.


Cuando llegaba al comedor en Ciudad Oculta, Villa Lugano, se sentía el movimiento en el barrio. Las mujeres en la cocina me daban la bienvenida y mientras esperaba a que llegara Maria, coequiper en este proyecto, me disponía a alistar los materiales de arte y preparaba el lugar para convertirlo en un espacio de encuentro y transformación del programa Arte en Barrios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


Este programa inició hace 3 años y busca la promoción de la cultura como herramienta de inclusión social. De esa manera, garantiza el acceso a propuestas artísticas como talleres, capacitaciones, visitas guiadas y festivales de calidad para personas de barrios emergentes.


Los talleres de Arte en Barrios significaron para mí el regreso a la coordinación de talleres en la presencialidad y una excelente oportunidad para facilitar procesos de transformación social desde el arte y la educación para la paz. Al inicio de cada taller, podía ver cómo iban llegando las niñas, niños y adolescentes del barrio, un grupo muy diverso en edad e historias de vida pero con algo en común: el entusiasmo y la alegría de compartir un espacio para aprender sobre un movimiento artístico, desarrollar su creatividad e inclusive tomar una merienda.


Esta experiencia me reitera una vez más que el arte, como motor de inclusión y transformación social, ha sido fundamental en mi trabajo como educadora para la paz porque los procesos que se exploran gracias a la curiosidad y a la libertad de creación invitan al respeto por el otro, al no juzgar y al sentirse capaz y reconocido en sus propias habilidades y potencialidades.


Con estos talleres, logramos no sólo transmitir información sobre un movimiento artístico como el surrealismo o el arte abstracto sino que generamos un ambiente de confianza en el que la conexión visual, la cercanía del gesto (a pesar de los tapabocas) y el sonido de nuestras voces, hicieron de esta experiencia algo más que una clase o una actividad manual. Estos talleres fueron una experiencia mutua en la que, como tallerista, también aprendí de cada uno de los niños y de María, quien muy amablemente me abrió las puertas de su casa y me permitió conocer más a fondo las calles y los vecinos de Ciudad Oculta.





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